
El miércoles, cuando Donald Trump sugería de nuevo la posibilidad de que Estados Unidos abandone la OTAN y volvía a mofarse de la capacidad militar del Reino Unido, su más fiel aliado, el primer ministro británico expresaba con más claridad que nunca su estrategia para afrontar la turbulenta realidad geopolítica: Keir Starmer apostaba por buscar un acercamiento ambicioso a la UE, con una cooperación económica mayor, así como en seguridad y defensa, y una relación de socios que reconozca los valores e intereses mutuos y el futuro común “ante el mundo peligroso que debemos…