El día después de todo gran torneo se produce una estampida sostenida y jugadores y equipos van disolviéndose en dirección a sus respectivos destinos. El de Carlos Alcaraz, por ejemplo, era Murcia, previa escala en Madrid. Después de atender todos los compromisos con los medios de comunicación, el número uno del mundo se preguntaba: “Lo próximo es…”, dudaba al pensar en la siguiente parada de la competición. Por el desgaste, el sueño, la adrenalina acumulada y el consiguiente bajón o lo que fuera, no parecía tenerlo del todo claro. En su caso, teóricamente era Róterdam,…